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¿Por qué nos distraemos de nuestro propósito?

Categoría: MI YO INTERIOR

¿Perdimos nuestro propósito? ¿Se nos fue la pasión por lo que hacíamos? ¿Estamos desmotivados? ¿O estamos distraídos?

¿Por qué nos distraemos de nuestro propósito?

Aquí les quiero plantear dos CONCEPTOS que me parecen interesantes:

En primer lugar, el PROPÓSITO

En diferentes momentos de la vida hemos sido conscientes de las expectativas que nuestra sociedad ha creado sobre nosotros: qué deberíamos ser de adultos, cuál es la definición de éxito, cómo deberíamos mostrarnos ante el mundo. ¿Desde ahí se ha construido nuestro propósito? Me voy a salir por un momento del pensamiento occidental (y del psicoanalítico), porque quiero mostrarles esta idea: 

El pensamiento oriental (como lo relata Jay Shetty, ex-monje británico) insiste en que todos tenemos un dharma: propósito eterno, atemporal, que forma parte de la naturaleza para la que hemos nacido. Cuando vivimos fuera de nuestro propósito, caemos en la falta de motivación y de inspiración, nos da flojera, se nos va la energía para aprender y hasta para crecer, nos rendimos. El reto es estar alineado a un propósito significativo, más allá de las metas en sí mismas, lo importante es que estas deben ser congruentes con nuestro verdadero propósito para sentirnos realizados. 

Para estar conscientes de nuestro propósito primero debemos identificar nuestra: 

 

  • Pasión: ¿qué es lo que siempre te ha dado curiosidad? ¿qué despierta tanto tu interés que te lleva a leer, investigar y conversar sobre eso por horas? La pasión puede provenir de dos fuentes: desde el potencial que le ves a eso por lo que sientes tanta curiosidad, o desde el dolor, eso que te mueve a resolver algún sufrimiento en el mundo. Pero la pasión en sí misma no es igual al propósito, necesita de otros dos elementos.
  • Experticia: es eso en lo que te sientes naturalmente bueno y que te emociona muchísimo aprender para ser todavía mejor. Es tu talento y tu experiencia.
  • Compasión: es la percepción y la compenetración en el sufrimiento del otro, y el deseo y la acción de aliviar tal situación dolorosa. Cuando usas tu pasión y experticia al servicio de otros, ahí se convierte en PROPÓSITO. 

Después de esta reflexión, supongamos que tu propósito ya está muy claro, pero por circunstancias de la vida (o porque simplemente así te pasó) te distraes de tu rumbo por tiempo indefinido, y de repente te das cuenta de que no estás viviendo en congruencia con tu propósito.

Por eso también quisiera que pensáramos acerca de la DISTRACCIÓN


Para llevar a cabo nuestro propósito uno de nuestros activos más precioso es el tiempo y la distracción nos juega en contra. ¿Cómo vamos a hacer para cumplir con lo que dijimos que vamos a hacer? A veces el problema no es saber qué tenemos que hacer, sino ¿por qué no lo hacemos? En este mundo en el que estamos sobre estimulados ¿cómo hacemos para no distraernos?

¿Falta de orden? ¿Falta de decisión?

La principal razón por la que procrastinamos o nos distraemos es por fallas en el control de nuestros impulsos, no es realmente por falta de orden, es porque buscamos la manera más fácil de obtener satisfacción, si nos basamos en el principio del placer explicado por Freud. Mucho de lo que hacemos es para escapar de sensaciones displacenteras, y estar presionados por el tiempo que dijimos que debemos usar para llevar a cabo nuestro proyecto o tarea, nos lleva a distraernos como medio de alivio para escapar de esa presión.

Lo opuesto a la distracción no es “enfocarse”, es la tracción: es cualquier acción que te empuja a hacer lo que tienes planeado hacer y te mantiene en el camino correcto. Así, la distracción, es esa acción que te aleja de lo que planeas hacer. Y entre más grande es nuestro proyecto es más fácil que nos distraigamos, sobre todo en tareas que parecen más “urgentes” en vez de alinear nuestro esfuerzo en lo más importante. 

Identifica cuáles son tus distractores internos: aburrimiento, hambre, necesidad de moverte o ansiedad, planea qué vas a hacer cuando eso se presente.  También identifica cuáles son tus distractores externos, para que sepas cómo poner límites. Administrar el tiempo de manera eficiente te ayudará a administrar los distractores.

Respecto a lo que te distrae de tu propósito ¿dónde crees que estás? ¿En el grupo de los que culpan a las circunstancias o en el grupo de los que se avergüenzan por haberse distraído? Ambos postergarán indefinidamente su propósito.

Si estás en el grupo de los que se responsabilizan y toman el control de su situación, estas RECOMENDACIONES son para ti:

  • Organiza tu tiempo por Inputs, no por Outputs: Nir Eyal sugiere que en vez de hacer una lista de cosas que quieres lograr (“to do list”), sustitúyela por un plan o agenda donde definas el tiempo que le vas a dedicar a cada tarea específica en la semana. De esta manera podrás monitorear cuánto vas avanzando y sentir satisfacción de lo que estás llevando a cabo. 
  • En tu mente cambia la frase “tengo que hacer tales pendientes”, por “voy a dedicarle este tiempo a esta tarea”.
  • Si quieres disfrutar las cosas que son valiosas para ti (tú, tus relaciones personales y tu trabajo) inclúyelas en la distribución que hagas del tiempo en tu agenda. Vive tu tiempo de acuerdo con tus valores.
  • Programa horas de tu día para la distracción, por ejemplo, ver tus redes sociales, emails, series u otras actividades, para que no interfiera el deseo de hacerlo cuando te estés concentrando en lo importante. ¡Así tampoco te sentirás culpable cuando lo hagas, porque ya estaba planeado!
  • Siéntete en la libertad de pedirle a las personas que respeten el tiempo que en el que requieres mayor concentración. Explícales en qué momento les podrás dedicar tu atención (sin distraerte).
  • Cree en ti, cree en tu propósito, cree en tu capacidad y valora el tiempo que le dedicas a las acciones que están alineadas con esa necesidad de ser congruente. 
  • Cambiar estos comportamientos a largo plazo cambiarán algunas viejas ideas que tenías de ti mismo. ¡Empezarás a verte como una persona eficiente y decidida!

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