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Duelo en niños y adolescentes

Duelo en niños y adolescentes

Dentro del proceso de pérdida o duelo en una familia, los niños y adolescentes también forman parte del mismo.

Si bien de manera quizás distinta a la de los adultos, también transitan por las etapas que son: negación, ira, depresión o tristeza profunda, negociación y por último la aceptación.

La diferencia es que dependiendo a la edad y madurez cognitiva podrán o no comunicar sus emociones. Cuando esto no sea posible, deberemos estar atentos a los comportamientos. Éstos podrán decirnos cómo lo están transitando.

A continuación, dejaré unas sugerencias que podemos tener en cuenta:

*Ser consistentes en el hecho de la muerte: Decir la verdad acerca del cómo ha ocurrido, esto no implica dar detalles necesariamente. Debido a que podrían preguntar más de una vez, y si hay mentiras lo notan o lo terminan completando con la imaginación. Se pueden usar ejemplos concretos para explicar que es la muerte, como la naturaleza (una flor que se marchita), una mascota que han tenido en casa y ya no está. Se pueden usar dibujos o cuentos, inclusive hoy existen materiales audiovisuales aptos para tal efecto. También debemos prepararnos para preguntas difíciles sobre la muerte, sobre la vida.

*Explicarles como nos sentimos: El duelo y la pérdida deben ser transitados en familia, juntos. Por ello, es de vital importancia comunicarle al niño o adolescente que por un tiempo podemos estar a veces tristes, que algunas cosas quizás cambien en casa y eso también está bien. Que lo podemos hablar en cualquier momento, inclusive podemos hablar del ser querido que ha muerto. Podemos facilitarle un “diario de duelo” o un diario normal, donde puede anotar todos los días como se siente en general o con respecto a la pérdida. Aclararle que no es su culpa que la persona ya no esté ni su responsabilidad hacerse cargo de esa ausencia (sobre todo con adolescentes). Esto debe ir acompañado de un respeto absoluto por lo que sientan y de espacios para que lo hagan, es decir, dejarlos llorar si lo necesitan, darles privacidad también.

*Hablar sobre lo que pasará en casa con respecto a la ausencia del ser querido: De los rituales que ocurrirán o lo que haremos para recordarlo como familia, preguntarle si quiere participar o cómo lo quiere hacer, permitirle inclusive aportar ideas. Asegurarle que las personas que quedaron serán cuidadas y que no irán a ningún lugar, sobre todo con los niños pequeños que podrían tener temor inmediato a que alguien más “se vaya”. Revisar las rutinas a modo de que, si la persona que ha muerto realizaba algo con o por el niño y/o adolescente, esa responsabilidad sea cubierta ahora por alguien más. Los límites en casa deben seguir firmes independientemente a este proceso, para evitar comportamientos autodestructivos. El adolescente podría querer elegir alguna pertenencia del ser querido, si esto es posible, es una buena alternativa siempre que la familia esté de acuerdo.

*Estar atentos/as: A los cambios de comportamiento, a las muestras repentinas de ciertas emociones como enojo o llanto. Estar disponibles para contener, conversar o simplemente acompañar lo que están sintiendo. A veces no es posible hacer nada más que empatizar o ayudarlos a canalizar la emoción adecuadamente (a través del juego, deporte, etc) Estar al tanto de con quienes se relacionan en este proceso también podría ser de utilidad, ya que a veces coinciden con otros que como ellos han pasado por una pérdida similar y se sienten entendidos. Además, el adolescente puede inclusive querer ayudar a otros y eso también lo ayuda a él. No es de menor importancia, el hecho de que los roles no deben confundirse en la ausencia del ser querido que ha muerto. Es decir, no pongamos a nadie de la familia en su lugar, menos al adolescente o al niño (ocurrir ante la pérdida de otros hijos).

Por último, cabe destacar que este proceso si bien es vivido individualmente dentro de casa, con experiencias únicas por parte de cada uno, también lo vivimos como familia y de allí la importancia de hablarlo.

Claro que un nacimiento o una boda no se comparan con el hecho de perder a alguien, pero, en definitiva, la muerte también es algo que como familia debemos transitarlo juntos.

Porque es eso, un camino que se hace más llevadero con compañía de un profesional.

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