Mildred Yuliana Villa Cardona
Miércoles 11 de febrero de 2026
Aceptar lo que sentimos nos permite relacionarnos mejor con nuestro mundo emocional y afectivo, reduce el malestar y favorece un bienestar emocional más estable, aceptando e integrando la experiencia.
Aceptar no es rendirse: es dejar de pelear contigo
Las personas suelen pelearse con la tristeza o la frustración; sin embargo evitar combatir lo que sentimos suele intensificar el malestar.
La aceptación no implica que algo te empiece a gustar. Lo incómodo sigue siendo incómodo. La diferencia está en dejar de luchar contra ello, porque esa lucha suele amplificar el sufrimiento.
En la experiencia de la autora, el malestar aparecía sin una causa clara: una sensación de vacío que surgía incluso en momentos en los que “todo estaba bien”. Al intentar entenderla o eliminarla, el efecto era el contrario: la sensación se volvía más intensa y duradera.
¿Qué ocurre cuando no aceptamos lo que sentimos?
Cuando una emoción no es identificada ni reconocida, empieza a filtrarse en otras áreas de la vida., puede cambiar la forma de expresarse, de responder a ciertas situaciones, de mirarse y asumirse así mismo.
El malestar no solo se queda en el cuerpo: tiñe relaciones, pensamientos y decisiones. Muchas veces no es la emoción inicial la que más duele, sino todo lo que construimos alrededor de ella.
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La aceptación tiene respaldo científico. Desde el aprendizaje asociativo, cuando una sensación desagradable se empareja repetidamente con pensamientos negativos, esa asociación se refuerza. Conectar con el malestar emocional lo reproduce y lo intensifica pero al mismo tiempo puede ser un canal para validarlo y sanar
La aceptación funciona como una forma de exposición: al permitir que la sensación esté presente sin alimentarla con pensamientos, la asociación pierde fuerza. El malestar no desaparece por completo, pero deja de crecer.
Como parte de la vida y de la fisiología, algunas emociones incómodas seguirán apareciendo. La diferencia está en que ya no dominan el resto del día ni desencadenan una cadena de reacciones.
¿Qué acciones ayudan a mejorar el problema?
El objetivo no es ser felices todo el tiempo, sino aprender a relacionarnos con el malestar para que no se vuelva más grande que nosotros.
Las emociones incómodas pueden surgir por muchas razones: estrés, discusiones, cansancio, pérdidas o frustraciones. La emoción permanece cuando intentamos eliminarlas a toda costa.
Aprender a reconocer, nombrar y aceptar lo que sentimos permite que las emociones pasen con mayor rapidez e intensidad más baja, dejando espacio para experiencias más satisfactorias.
Ejemplo práctico
Muchas personas han logrado recuperar actividades, relaciones y sensación de control personal al desarrollar una respuesta más flexible frente al malestar. Al aceptar las emociones, estas dejan de condicionar la conducta y se convierten en experiencias transitorias, no en obstáculos permanentes.
Tips prácticos para integrar la aceptación
Algunas formas sencillas de practicar la aceptación en la vida diaria son:
- Observar con atención plena las emociones agradables.
- Prestar atención a actividades (caminar, ordenar, hacer compras).
- Observar emociones incómodas de baja intensidad sin intentar cambiarlas.
Conclusión
La vida trae consigo aciertos y desaciertos, logros y desafíos, evitar el sufrimiento puede generar más insatisfacción. Aceptar lo que sentimos no elimina el dolor pero si nos permite nombrarlo, reconocerlo y darle un lugar, de esta manera la experiencia emocional nos hace más conscientes.
Cuando aceptar se vuelve difícil por la intensidad emocional, contar con acompañamiento profesional puede marcar la diferencia, ayudando a transformar un camino que parece imposible en un proceso más amable y alcanzable.