Julia Zarza
Miércoles 26 de febrero de 2025
Las relaciones de pareja pueden convertirse en espacios donde, sin darnos cuenta, se manifiestan formas de violencia que no dejan marcas visibles, pero que afectan profundamente la salud emocional y la autoestima de quien las sufre. A este tipo de dinámicas se les denomina "violencia invisible", porque operan de manera progresiva, muchas veces sin que la persona afectada logre identificarla.
¿Qué es la violencia invisible?
La violencia invisible se manifiesta a través de comportamientos como la desvalorización, el control, la manipulación emocional, la culpabilización y la indiferencia. No implica agresiones físicas ni insultos directos, sino actitudes que minan la confianza y la autonomía de la persona afectada.
Según Luis Bonino (2014), existen cuatro tipos principales de micromachismos que suelen presentarse en las relaciones:
- Utilitarios: Buscan forzar la disponibilidad de la pareja, especialmente en tareas domésticas o de cuidado.
- Encubiertos: Se manifiestan a través de manipulaciones sutiles que hacen que la otra persona dude de sí misma.
- De crisis: Aparecen cuando la pareja afectada busca romper el ciclo de desigualdad y el agresor intenta mantener su dominio.
- Coercitivos: Se basan en la imposición del poder mediante la presión psicológica o moral.
¿Cómo identificar si estás en una relación con violencia invisible?
Algunos signos de alerta incluyen:
- Sentir que tus opiniones y emociones son minimizadas o ignoradas.
- Tener miedo de expresar tu desacuerdo por temor a generar conflictos.
- Asumir la mayor parte de la carga emocional y doméstica sin reconocimiento.
- Dudar constantemente de tus decisiones porque tu pareja te hace sentir que no eres capaz.
- Justificar el comportamiento de tu pareja ante otras personas.
Ejemplo práctico
Ana, una maestra de 37 años, madre de dos hijos, acude a consulta porque se siente constantemente agotada y desmotivada. Describe cómo, aunque ama su trabajo y su familia, siente que está "tildada" y sobrepasada por la carga de responsabilidades. Su esposo, aunque reconoce que ella está cansada, minimiza su malestar y la alienta a "hacerse ver con una psicóloga", sugiriendo que el problema puede deberse a un duelo no resuelto o a la edad.
Tras una exploración más profunda, se identifica que el malestar de Ana no proviene solo de su trabajo o del duelo, sino de una desigual distribución de tareas en su hogar. Su esposo, aunque no la agrede directamente, asume que ella debe encargarse de la mayor parte de las responsabilidades domésticas y de crianza.
La sesión especializada con Ana se centra en reconocer esta situación, fortalecer su capacidad de comunicación asertiva y fomentar el reparto equitativo de las responsabilidades en su hogar.
Acciones para enfrentar la violencia invisible
- Identificar y validar el malestar: Si algo en la relación te hace sentir menos, cansa emocionalmente o te genera angustia, es importante prestarle atención.
- Buscar apoyo externo: Conversar con amigos, familiares o un profesional puede ayudar a poner en palabras lo que está sucediendo.
- Expresar límites de manera clara: Comunicar a la pareja cómo te sientes y qué cambios necesitas para un vínculo más saludable.
- No esperar a que la otra persona esté de acuerdo para pedir ayuda: A veces, es necesario iniciar un proceso individual para comprender mejor la situación y tomar decisiones.
Conclusión
La violencia invisible puede afectar profundamente la autoestima y el bienestar emocional de quien la vive. Reconocerla es el primer paso para salir de ella. Buscar apoyo profesional puede ayudar a comprender la situación, fortalecer la autonomía y desarrollar estrategias para construir relaciones más sanas y equitativas.