¿Qué beneficios ofrece la Psicología Clínica para niños y adolescentes con TDAH?

Para los niños y adolescentes es crucial mantener un desarrollo activo, tanto en la escuela como en sus actividades sociales, ya que así podrá ir adquiriendo herramientas y podrá aprender a emplearlas de manera adecuada para el desenvolvimiento de su vida, sin embargo, es posible que presenten ciertas variantes en sus habilidades, como el caso del TDAH.

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¿Qué es el TDAH?

El TDAH, por sus siglas, se refiere al trastorno por déficit de atención con hiperactividad e impulsividad, y presenta como sintomatología  nuclear un patrón persistente de  desatención. La misma puede venir  acompañada con sintomatología de hiperactividad e impulsividad, o bien puede  presentarse bajo la característica de  inatento, es decir, dificultad para mantener o  sostener la atención sin ir acompañada de hiperactividad o impulsividad. 

¿Cuáles son los principales síntomas?

  • Inatención.

  • Excesivo movimiento.

  • Bajo o  nulo control de impulsos. 

Los mismos deben  presentarse en varios ámbitos de la vida del  sujeto y además deben estar presentes  antes de los 12 años de edad. 

El trastorno por déficit de atención con hiperactividad (TDAH) aparece por primera  vez en los sistemas de clasificación psiquiátrica en la 2da edición del Manual  diagnóstico y estadístico de los trastornos  mentales (DSM-II) (APA, 1968), en la que se  denominó “reacción hipercinética en la  infancia y en la adolescencia”. 

El énfasis está puesto en el exceso de actividad  motora y en la atenuación en la  adolescencia. 

En el DSM III (APA,1980), con el auge de las  corrientes cognitivistas, se recoge la importancia del sesgo atencional, por lo que  pasa a denominarse “trastorno por déficit de  

atención” que podía manifestarse con  hiperactividad o sin ella. En su versión  revisada (DSM-III-R; APA, 1987) adquiere la  denominación actual de “trastorno por déficit  de atención con hiperactividad”. 

La última versión del manual, DSM-5 (APA,  2013), incluye al TDAH dentro de los  trastornos del neurodesarrollo. Los criterios  clínicos para el diagnóstico no han  cambiado con respecto a los del DSM IV TR, pero se han introducido variaciones en  relación con la versión anterior. Así, se  consigna que los síntomas deben estar  presentes antes de los 12 años. Se deja de  lado la clasificación en subtipos y es  remplazada por el de “presentaciones”. 

A la  hora de realizar el diagnóstico debe  especificarse el tipo de presentación del  trastorno, los cuales pueden ser: 

  • Combinada.

  • Predominantemente inatento.

  • Predominantemente hiperactivo/impulsivo.  

Además, debe especificarse su intensidad:  media, moderada y grave.  

El TDAH no debe considerarse como una limitante para el adecuado desenvolvimiento en la vida cotidiana, sin embargo, sí es cierto que todos necesitamos terapia en algun momento de nuestras vidas, quizás aún más cuando debemos enfrentarnos a los estigmas que todavía mantienen las sociedades con respecto a la salud emocional.

Contar con apoyo profesional nos ayudará a entender muchas cosas y así poder brindarle una mayor seguridad y comodidad a nuestros niños y adolescentes.

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¿Qué beneficios ofrece la terapia para niños y adolescentes con TDAH?

Como estrategia fundamental, en el caso de  las personas que presentan déficit de  atención acompañado con hiperactividad e  impulsividad, el abordaje debe dirigirse al  desarrollo de habilidades de autocontrol y además potenciar el manejo de las  emociones. 

Para poder ejemplificar el modo de trabajo,  voy a presentar el siguiente caso: 

Felipe, 7 años y 9 meses al momento de la  consulta. 

La madre de Felipe (Nombre ficticio para  mantener su identidad) acude a consulta  derivada por la institución educativa a la que  el niño asiste. La institución hace la  derivación ya que observaban que el niño no prestaba atención en clases y además  molestaba a sus compañeros. 

Asimismo, referían que presentaba dificultades para  permanecer sentado por tiempos prolongados y que presentaba signos muy marcados de inquietud motora. Su madre  manifiesta que a ella se le dificultaba mucho la crianza de Felipe y sostiene que es un  niño difícil, “No para”, dice. En aquella consulta su madre refirió que desde chiquito  e irritaba con facilidad presentando dificultades para calmarse y “buscaba llamar  la atención de todos”. 

En relación a los tiempos evolutivos del  desarrollo, hitos motores, lenguaje, control de esfínteres, se encontraba dentro de lo esperado.

En el jardín de infantes había recibido  muchos llamados de atención de las  maestras, quienes le indicaron que era  necesario trabajar los límites, ya que era un  niño muy inquieto que se irritaba fácilmente, mostrando conductas disruptivas, y que hacía “berrinches”. 

A través de cuestionarios estandarizados dirigidos a padres y maestros, batería  

diagnóstica administrada al niño y la observación clínica se arribó al diagnóstico de TDAH con hiperactividad e impulsividad.  

Las primeras intervenciones con el niño estuvieron dirigidas a desarrollar habilidades de autocontrol entendiendo que era de vital importancia que el niño mejore su rendimiento en las tareas escolares, logrando realizarlas cuidadosamente a fin de cometer la menor cantidad de errores. 

Trabajar en esta área se consideró prioritario ya que su bajo rendimiento escolar, además de dar cuenta de sus  dificultades de aprendizaje, impacta de manera directa en su autoestima y autoconfianza. De este modo se trabajó con técnicas de resolución de problemas cognitivos a fin de desarrollar dicha habilidad, y además, con técnicas  emocionales de autocontrol. 

Asimismo, otro punto importante de la intervención, estuvo dirigido a desarrollar competencias sociales para mejorar sus relaciones interpersonales. Para ello se utilizaron técnicas de juegos de  roles, instrucciones verbales, refuerzo, entre  otras.

La primera sesión estuvo destinada a establecer un buen vínculo entre Felipe y la  terapeuta. Para ello se hicieron preguntas destinadas a averiguar por sus gustos e intereses, sus juegos y dibujos predilectos, qué es lo que más le gustaba hacer en casa,  cuáles eran sus preocupaciones en casa, en  el colegio y con sus amigos. A partir de allí  se le explicó al niño en qué consistía el espacio y lo que íbamos a aprender juntos, a fin de poder ayudarlo a resolver sus conflictos. Se aprovechó la oportunidad para  pedirle su colaboración en el proceso.

En el segundo encuentro se puso el plan en marcha, comenzando por técnicas de  modificación de conductas. Entre estás técnicas se utilizó el programa “piensa en  voz alta” (Camp & Bash, 1981). Lo que se  busca con ello es enseñar autoinstrucciones guiadas para lograr identificar distintos puntos: 

  • El  problema: ¿Cuál es el trabajo que hay que  hacer?

  • Generador del plan: ¿Cómo lo tengo  que hacer? 

  • Autoobservación: ¿Cuál es mi  plan para hacerlo? 

  • Autoevaluación: ¿Se  está haciendo correctamente? 

Las primeras sesiones estuvieron destinadas a resolver problemas cognitivos, como seguimiento de instrucciones, rompecabezas, laberintos, búsquedas de  diferencias, etc. mientras que las restantes se centraron en la resolución de conflictos sociales, basadas en la capacidad para identificar emociones, causa y efecto de la conducta y resolución de conflictos, buscando alternativas y logrando anticipar las consecuencias de las mismas. 

Otras estrategias que se utilizaron fue trabajar con la maestra del colegio al que el  niño asiste, pudiendo brindar herramientas concretas y claras para trabajar con él. Entre  ellas se destacan: 

  • Simplificar las consignas, usando un lenguaje claro y sencillo. Luego de la explicación de la tarea pedirle a Felipe que la repita en voz alta.  

  • Usar colores que permitan destacar la parte central de  la tarea. 

  • Segmentar la actividad. Es decir, si la misma era pintar un dibujo y luego recortar y pegar, se promovió a que primero se le comunique el  primer trabajo, pintar. Una  vez resuelta esa parte pasar a pedirle que recorte, y luego informarle que debía pegarlo. Cada vez  que el niño lograra el  objetivo marcado, felicitarlo y alentarlo a que realice el siguiente paso.  

  • Motivarlo para que en las clases pueda utilizar las preguntas de autoinstrucciones guiadas. 

A fin de favorecer la atención y el  seguimiento de las explicaciones en clases se indicó: 

  • Promover la participación activa de Felipe dandoles un lugar de colaborador/secretario. Por  ejemplo, “vos me vas a ayudar a dar la clase a tus compañeros”. A partir  de allí reforzar las ideas principales pidiendole que él se las repita a los demás alumnos.  

  • Realizar las explicaciones por  tramos de información. Es decir, a medida que se va avanzando en la explicación ir haciendole preguntas al niño acerca de lo que se dijo. 

  • Utilizar al menos dos colores  diferentes de tizas para identificar  las ideas más importantes.  

  • Anticipar las actividades que se van a desarrollar durante la jornada e ir tachando una vez que la misma se  encuentre resuelta.  

A su vez se trabajó con los padres, brindándoles herramientas y estrategias para mejorar la conducta del niño en la casa, poniendo especial énfasis en los modos de comunicación ya que manifestaban tener seria dificultades para vincularse adecuadamente. Su madre expresaba con mucha angustia que lo retaban y le ponían castigos permanentemente por su mal comportamiento lo que, lejos de solucionar el problema, generaba un clima de mucha tensión y malestar en el ámbito familiar.  

¿Qué aspectos se deben tener en cuenta para el  día a día?

  • Comprobar que cuando nos estamos comunicando con el niño, tenemos su atención, es decir, verificar que nos esta escuchando. Intentar establecer contacto ocular antes de emitir el pedido o iniciar la  comunicación.  

  • Dar ordenes claras y específicas, una por vez.  

  • Cuando damos la instrucción u orden, pedirle al niño que la repita en voz  alta. 

  • Estipular plazos para realizar una actividad.  

  • Cuando se da una actividad, confeccionar una lista de los pasos necesarios, con frases  breves o dibujos, para realizarla correctamente. 

Es de gran importancia lograr realizar un diagnóstico diferencial para poner en marcha un plan de tratamiento que brinde herramientas para el desarrollo de las habilidades que se encuentran comprometidas. Al hablar de habilidades, hablamos del aprendizaje, lo que significa que con el entrenamiento pueden ser aprendidas y desarrolladas. 

Los niños con estas características  presentan grandes dificultades para poder responder de manera adecuada a las  exigencias del entorno. Por este motivo, si no son tratadas y abordadas a tiempo pueden generar grandes perturbaciones en el desarrollo cognitivo, social y emocional del niño. 

Es fundamental entender que el trabajo es en red. Es decir, no es solamente el trabajo con el niño en consultorio sino que también lo es con los padres y con la  institución educativa a la que asiste, brindando herramientas, estrategias y técnicas para que logren dirigir adecuadamente sus interacciones. 

El apoyo psicológico personalizado le ayudará a manejar las herramientas que tiene a su alcance y así podrá evitar sufrir otros trastornor emocionales, como por ejemplo, el de ansiedad, ya que resulta muy común a partir de las frustraciones que se le pueden presentar en la vida diaria.

Agustina Capozzucca

 

Referencias bibliograficas: 

  • American Psichiatric Association. Manual diagnostico y estadístico de los trastornos  mentales- 2º ed. Washington, DC: APA, 1968  
  • American Psichiatric Association. Manual diagnostico y estadístico de los trastornos- 3º ed.  Washington, DC: APA, 1980  
  • American Psichiatric Association. DSM-V: Manual diagnostico y estadístico de los trastornos  mentales, Barcelona: Masson, 2013. 
  • Camp BW, Bash M. Habilidades cognitivas y sociales en la infancia. Piensa en voz alta: Un  programa de resolución de problemas para niños. Valencia: Promolibro, 1981
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