Opción YO

Morir en tiempos de pandemia

Escrito por: Martha Trica

Morir en tiempos de pandemia

A poco de iniciarse la cuarentena, de entre todos los amigos con los que hable para ver como veníamos llevando el encierro, una de ellas me conto que tenía a su cuñado internado con diagnóstico de Covid 19,  y ya con asistencia respiratoria, su hermana (esposa) debía estar atenta y en cuarentena para registrar la aparición de síntomas, que se hicieron presentes unos días antes que su esposo falleciera. A partir de allí intercambiamos mensajes además de para saber cómo estábamos, para saber de la evolución de su hermana, a la que obviamente no podía ver. El último mensaje que me dio no mejoraba, pero no empeoraba y parecía que eso podía tomarse como algo alentador.

Al día siguiente tenía un mensaje de mi amiga su hermana había fallecido, en el lapso de 15 días había dos pérdidas que duelar.

Desde que comenzó esta pandemia cada vez que escucho el número de muertos no puedo dejar de pensar en cuan solos se van los que se  van y cuan desamparados están los que quedan.

Ese sábado recuerdo que cuando escuché el número de fallecidos no pude dejar de pensar que a dos de ellos los conocía que una de las personas que se encontraban atravesando este duelo tan particular era mi amiga.

Recuerdo que le mande un mensaje de audio de wapp porque me escribió - Amiga “no puedo ni hablar” y  lo respete, intente que ese mensaje pudiera trasmitirle el abrazo que le hubiera dado en caso de no estar afectados por esta cuarentena y hoy a partir de esas muertes por Covid que tienen una cara para mí, una historia, una familia, me puse a pensar como es morir en tiempos de pandemia.

La muerte es de por si un suceso estresante, a sabiendas que es parte del ciclo vital no terminamos de comprender sus misterios y a su vez nos confronta con los misterios de la vida.

Cuando esto sucede transitamos diferentes sentimientos y etapas de lo que conocemos como duelo, que se van entrelazando entre sí.

Más allá de las creencias que tengamos desde siempre ha habido ceremonias y rituales frente a lo irremediable, frente a la pérdida y es el ritual lo que nos pone frente a la realidad inescrutable, eso que se nos enfrenta y nos muestra la pérdida.

El ser humano es el único de su especie que entierra a sus muertos, es una práctica que viene desde el hombre de Neanderthal. Los rituales son un proceso que ayuda a transitar la perdida, son estrategias simbólicas que regulan las relaciones entre las personas y sus culturas y se comparten para promover la cohesión grupal requerida para encarar la angustia que se suscita ante lo inevitable. Se ritualiza el acto de morir para hacerlo más comprensible.

La pandemia nos ha quitado los rituales, nos ha coartado todo esto, los rituales de la muerte, que son importantísimos, tanto para el momento de shock por la pérdida como para todo lo que viene después.

 Los rituales son un proceso de ayuda para transitarlos, por eso está esto de hacer velatorios o los nuevos rituales de la modernidad, cementerio, las cenizas, plantar el árbol, o aquellos que hacemos más caseros. El coronavirus nos ha quitado también esta “normalidad”. Esto de abrazarnos en familia, del consuelo, de apoyar nuestra cabeza en el hombro del otro, ni siquiera es posible. Esto coarta el proceso, e indefectiblemente  lo cambia.

Nos enfrenta a un duelo puesto en pausa ya sea porque no nos permiten vincularnos con el ser querido o porque estamos aislados por sospecha de estar contagiados, o porque forma parte del protocolo. Nos pone en situación hasta de cambiar nuestros propios rituales de la muerte, porque sin duda es importante darle lugar a la despedida, desde un lugar consciente “para que no pase de largo”.

Y acá estamos de nuevo “casi obligados” a rearmarnos y adaptarnos a  armar nuevos rituales.

Frente a lo incomprensible, frente al dolor es importante tratar de armar rituales caseros para despedir al ser querido.

Es importante tratar de hacer un ritual casero a medida. A medida de cada persona, a medida de cada familia. Todas las familias están cruzadas por una cultura interna, por una cultura intrafamiliar.

Algunos rituales caseros pueden ser:

  • Prender una velita y decir cada uno unas palabras,
  • Buscar unas fotos, imprimirlas,
  • Escribir cada uno algo, ponerlo en una cajita y después guardarla o enterrarla.
  • Poner una música que a esa persona le gustaba.
  • Recordar la comida que mejor le salía que más le gustaba y hacerla.
  • Podemos pedir que otras personas nos cuenten algo que recuerden una anécdota, una palabra que las describa.

 Encontrar un modo de ritualizar el dolor y hacerlo con otros más allá que después los duelos sean solitarios y procesos individuales.

Cada familia es importante encuentre el suyo,  darle lugar a la despedida desde un lugar muy consciente,  armado y amado para que este dolor encuentre su lugar donde ser llorado.

Para atravesar este proceso de duelo necesitamos primero hacerle lugar  necesitamos llorar la tristeza. Después vendrá el proceso de enfrentarnos a la perdida en sí, pero primero necesitamos poder hacer lugar a esta despedida.

Es importante recordar que esta distancia a la que estamos obligado es física y no social por lo que es prioritario que quienes estén pasando por una situación de este tipo pidan ayuda. Tenemos una situación difícil encima de otra situación difícil. Hay que recurrir en la medida de lo que se puede a amigos, familia, no meterse más para adentro. No dejar de pedir ayuda y apelar a la flexibilidad de cada uno de nosotros, hoy necesitamos estrategias de afrontamiento diferentes.

En el duelo perdemos al menos dos cosas:

1- quienes éramos ante nosotros mismos por el vínculo del otro

2 - quiénes éramos para el otro por ese vínculo que nos unía.

Es por eso que el duelo es una profunda alteración de la raíz de nuestra vitalidad, una vitalidad que dejo de fluir con normalidad.

Es en esta comprensión del duelo donde parece estar la clave de su elaboración. Para superar fecundamente los duelos es necesario dejar morir a quienes éramos ante nosotros mismos y ante el otro y renacer de modo nuevo como condición para que esa pérdida ocupe un lugar. Un camino que exige usar de ropa de trabajo, ensuciarse las manos, transpirar la camiseta ensuciarnos y eso no nos gusta, cómo no nos gusta la tristeza que aparece ante la pérdida. Pero cuando la tristeza aparece lo hace como uno modo adaptativo de autorregulación que nos invita a recordar lo perdido, a entender porque era importante para nosotros, una invitación a  que llores y que otros lo vean y te apoyen duele y requiere de tu atención y ese es el primer paso de la recuperación, darle lugar.
 

Estas palabras intentan ser una ayuda para quienes estén atravesando este momento y ojala cuando las lean puedan sentir ese abrazo que en este momento tiene nombre y apellido para mí .

Si estas acá, es porque deseas trabajar en tu vida. SUMATE A LAS miles de personas que como tu hoy decidieron TRANSFORMAR SUS VIDASES TIEMPO DE DECIR YO

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