¿Cómo se establece una relación de pareja satisfactoria?

De los temas que más se escuchan en terapia y que en ocasiones suelen ser causa de dificultades, son los asociados a la pareja; muchas veces, las personas llegan a sesión porque no encuentran solución para el dolor, frustración, miedos o enojos que se generaron en su relación, no obstante, tales respuestas anteceden a la conformación de la pareja.

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¿Cuál es el secreto para tener relación de pareja satisfactoria?

Desde el momento que se elige a alguien para una potencial relación, entra en juego todo aquello que nos ha forjado, un sin fin de experiencias pasadas que ocasionan que dicha elección sea todo menos libre, pues se encuentra permeada de lo que aprendimos y nunca cuestionamos. Por ello, las expectativas que se depositan en el otro suelen ser irreales e insostenibles, siendo esto uno de los motivos de conflicto tanto en las interacciones de pareja como en las vivencias personales de cada uno de sus integrantes.  

 Un ejemplo general es esa mujer que veía a su madre ser sumisa ante su padre, perder su esencia por complacer al resto de la familia, aspectos que como hija rechazaba por asumirlos indignos para una mujer;  entonces, al crecer, forjó un carácter firme y determinante que le permitió convertirse en una profesional exitosa y reconocida pero en el ámbito personal era distinto, establecía relaciones que pronto se volvían “complicadas”. De sentirse amada y feliz por empezar a construir un noviazgo, pronto manifestaba percibirse oprimida, motivo por el que se mantenía a la defensiva, confrontaba, discutía hasta que su opinión fuera imperante, sus novios le expresaron su imposibilidad para generar acuerdos; llegó al consultorio frustrada porque decía no encontrar una pareja que fuera acorde con ella. 

El trabajo que  ella realizó en terapia le permitió entender que no sólo era un asunto de los hombres con los que se vinculaba, por el contrario, a fin de no ser como mamá, adoptó una imagen de dureza y rigidez que la volvía severa con los que amaba y consigo misma. Inconscientemente se colocaba en relaciones que le reafirmaban que la única forma de ser valerosa era ser firme y determinante, sin embargo, lo ejercía hasta el punto de silenciar las necesidades y deseos de su pareja y, lo más importante, negar aquella parte empática y amorosa de sí misma por considerarla signo de debilidad o vulnerabilidad. 

Así como ésta, hay muchas otras historias que permiten ver que el éxito o fracaso de una pareja empieza por la individualidad de cada uno de sus integrantes. Sentirte satisfecho o satisfecha en tu pareja empieza por ti y por las herramientas que dispongas y que podrás encontrar haciendo terapia.

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¿Por dónde empiezo a buscar la satisfacción en mi pareja?

Las etiquetas negativas que la consultante le había dado al comportamiento de su madre, le imposibilitaba establecer y disfrutar el compromiso emocional que deseaba al emprender relaciones sentimentales. La razón, detrás de lo que ella veía y denominaba como sumisión y pérdida de identidad también había implícito amor, amor que su madre demostraba replicando modelos familiares y roles de género en los que había sido forjada y que no se había permitido cuestionar o cambiar. 

Al hacerlo visible, la consultante tuvo la responsabilidad de aceptarlos o rechazarlos pero sobretodo de transformarlos, de resignificar partes de sí misma que también la conformaban, por ende, tuvo la oportunidad de establecer límites, ser empática pero no llegar a la sumisión; escuchar y atender pero sin negar sus prioridades; ser amorosa y paciente pero no sólo con los demás, sino consigo misma; priorizar el equilibrio pero entender que a veces éste también se pierde y que contaba con las herramientas para restablecerlo. 

Por lo anterior, el cuestionamiento hacia la propia historia de vida siempre es el primer acercamiento para un autoconocimiento que favorezca el establecer vínculos más reales y satisfactorios. Para ello, no es necesario estar en una relación o solo traer del pasado aquellas relaciones que se consideraron como un fracaso. Basta con percibir que en todas las relaciones ha existido un espejo que deja ver la luz y la sombra que existe en cada uno, que el resultado de todo vínculo es la suma de una responsabilidad afectiva propia y compartida.  

Cuestionar no es sinónimo de juzgar o rechazar, implica respeto por lo vivido y apertura al cambio. Es observar de frente la forma en que aprendimos a amar y a ser amados, y vislumbrar su funcionalidad o no en el presente; es preguntarse desde lo más simple ¿qué me gusta de la forma en que amo? ¿qué no me gusta? ¿qué me hace daño o me causa incomodidad? ¿me gustaría establecer límites nuevos o permitirme explorar nuevas formas de expresar lo que siento?; si se tiene pareja ¿puedo lidiar con el hecho de que su forma de amar sea distinta a la mía?. La clave es entender que no existen respuestas absolutas, buenas o malas, pero que cada una puede empezar a abrir un camino distinto para resignificar todo eso que ya se daba por sentado.  

El segundo aspecto a considerar es responsabilizarse de esas respuestas o dudas que aparezcan, separar lo que nos corresponde de aquello que repetimos y nos causa malestar, para así poder sostenernos en el plano individual y, consecuentemente, en pareja. Discernir cuando es un asunto propio, un asunto mutuo o algo exclusivo del otro, y entonces tomar decisiones y acciones hacia el bienestar personal y de la pareja.  

Responsabilizarse implica que no existirán decisiones o actos correctos, que se asumirán las consecuencias que causen felicidad o tristeza, que aún al existir problemas, finalizar o fortalecerse una pareja, cada integrante siempre podrá elegirse a sí mismo, reinventarse y reconocer o construir aquella forma de vincularse que lo lleve en la dirección de un proceso hacia el desarrollo y bienestar personal.  

Cabe recalcar que para estar en una relación, hay que deconstruir los propios conceptos de amar, para ser y estar en pareja no necesariamente se tiene que excavar en el pasado, basta con dar lugar a esas quejas o expectativas constantes, propias o que resuenan del exterior, como motivo de reflexión para poder aceptarlas o rechazarlas. Es entender que el re-conocerte da espacio a separar lo que no te pertenece, donde acaba tu responsabilidad y empieza la de la otra persona para efectuar actos al respecto que decantan en una relación de pareja más satisfactoria.  

En ese sentido, el espacio que brinda una terapia psicológica da paso al cuestionamiento y análisis junto con un profesional; de tener una motivación personal, abre nuevas posibilidades que nunca estarán dirigidas hacia irse o quedarse en una relación, perdonar o no, más bien, da lugar a que la persona se sienta segura al dudar, acompañada al redescubrir y elegir su postura frente al mundo. 

Existen diversas formas de transitar ese camino, la terapia es una de ellas; ahí estás como un individuo que se mira a sí mismo, siendo vulnerable pero con la fuerza que se requiere para re-encontrarse.  

Trabajar y fortalecer el autoconocimiento es la pieza clave, difícilmente las respuestas están localizadas afuera, la mayoría de las veces, pese al temor que pueda ocasionar, el verdadero inicio de una relación satisfactoria se encuentra en lo que ha forjado a cada persona. 

Finalmente, lo satisfactorio no radica en la ausencia de dificultades, en el tiempo de duración o el final que tenga, sino en el crecimiento y construcción individual y en conjunto.

Y ese crecimiento y construcción muchas veces encuentra el lugar óptimo de crecimiento en el entorno terapéutico, apoyado por profesionales que sabrán guiarlo y sostenerlo.

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