¿Qué podemos reflexionar sobre lo ocurrido en Texas?

Lo sucedido el jueves 26 de mayo en Uvalde, Texas, es una tragedia que pone el foco de atención en qué hacer ante estos episodios o cómo evitarlos. Pero más allá de estas propuestas políticas, queda reflexionar sobre lo que sigue ocurriendo. Nuestros hijos están vulnerables en sus escuelas y no debemos dejar de reconocer cómo los afecta cada uno de estos acontecimientos.

¿A qué se enfrentan los niños en las escuelas?

Hace más de 20 años desde que estas situaciones se han vuelto parte de la cotidianidad,  conmocionando al mundo entero. Estos episodios siguen resultando impactante para quienes experimentamos esos choques de realidad. Esa realidad en la que adolescentes menores de edad tienen acceso a armas de fuego, pero también una realidad en la que la salud mental de esos mismos chicos es desestimada por completo. 

Pero yendo un poco más allá, y dejando de lado cualquier acercamiento posible a qué es lo que ocurre con la salud de esos chicos, no debemos dejar de pensar en qué pasa con los demás menores que están expuestos a estas situaciones. 

Cabe reflexionar, más allá del pésame por las víctimas fatales, qué pasa con los sobrevivientes. No solo son víctimas sobrevivientes quienes están en el lugar de los hechos, también son víctimas todos los niños que concurren a las escuelas en un estado de vulnerabilidad absoluta, que incluso son entrenados para reaccionar ante un individuo armado desde muy temprana edad, que asumen roles estratégicos y que se ven obligados a tener un control de sus emociones y miedos propio de situaciones extremas.

Durante los entrenamientos no solo se les indica cómo actuar, sino que se hace mucho énfasis en el control de las emociones. “No lloren” “No tiemblen” “Salten por la venta de ser necesario”. Son indicaciones que conllevan un gran desgaste emocional y requieren de un gran autocontrol.

Los entrenamientos, los simulacros, los reiterados ataques, las cifras en aumento, son todos momentos de gran estrés a los que se enfrentan niños y adolescentes de entre 6 y 18 años.

¿Cómo es volver a la escuela los días posteriores a un ataque de este tipo? ¿Hablamos con nuestros  hijos en esta instancia? ¿Contamos con las herramientas y el apoyo necesario para ellos? ¿Y para nosotros mismos como padres? Si sientes que no estás lista para abrir esta conversación con tus hijos no dudes en buscar ayuda. En OpciónYO contamos con un equipo de profesionales que podrán apoyarte en momentos como este.

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¿Cómo podemos hablar con nuestros hijos sobre estas tragedias?

Estos son episodios que generan grandes conmociones en las comunidades. No solo en las comunidades locales, sino también en comunidades etarias y de otro tipo. Mientras, los medios suelen mantener las noticias frescas durante un largo tiempo, por lo que nuestros hijos están siempre expuestos en mayor o menor medida a cierto grado de estrés e incertidumbre provocado por estos ataques. 

Pero, ¿cómo hablamos con ellos de estos temas? Es importante recordar que esto nos afecta en primera persona como ciudadanos y como padres, pero de manera diferente a cómo los afecta a ellos. Por eso es necesario llevar la conversación con mucho tacto. 

En los ejercicios realizados con alumnos de secundaria días después del último ataque en Texas, se generaron algunos interrogantes. Los alumnos sólo mantenían interés en hablar del tema por un tiempo muy limitado, y pasaban a otra cosas. Esto es algo a considerar al hablar con ellos. Sucede que hasta cierto punto tienen naturalizados estos ataques, y por consiguiente el malestar que provoca estar expuestos a esta vulnerabilidad de manera diaria. 

¿Qué consideraciones podemos tener al hablar con ellos?

  • No fuerces el tema. 

Propicia el momento para hablar en confianza.

  • Considera la edad de cada niño. 

Preguntales qué tan al tanto están de lo que está sucediendo y habla de forma apropiada para cada edad.

  • Entiende que no los interpela de la misma forma que a tí. 

Sus experiencias son distintas y de igual forma la manera en que procesan lo ocurrido. No minimices ni corrijas sus sentimientos al respecto.

  • Motiva formas de expresión artísticas.

Algunos niños o adolescentes pueden sentirse más cómodos expresándose a través del arte o los juegos. 

  • Mantente atenta a cómo la escuela está manejando el tema.

Considera de qué y cómo se habla sobre el tema, si hay espacios para reflexionar al respecto o si ofrecen algún tipo de apoyo. 

Aquí reside la importancia de normalizar también la atención de la salud mental. Lo mejor que podemos hacer es reconocer que tanto nosotras como nuestros hijos estamos expuestos a estas situaciones de estrés de manera cotidiana, y la forma de tomar cartas en el asunto es haciéndonos cargo de nuestro bienestar emocional.

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