Mónica Ester Moya Navarrete
Miércoles 28 de enero de 2026
Criar en equipo no siempre es sencillo, especialmente cuando la relación entre ambos padres está atravesada por desacuerdos, tensiones o heridas no resueltas. Aunque la relación de pareja cambie o termine, la crianza continúa, y cuando los conflictos se mantienen activos, quienes más lo resienten suelen ser los hijos. Comprender la coparentalidad como un vínculo independiente permite abrir caminos
¿Qué es la coparentalidad y por qué es tan importante?
La coparentalidad se refiere a la forma en que ambos padres se relacionan entre sí para criar a sus hijos en común. No depende de si la pareja sigue unida, está separada o divorciada. Se trata de cómo se comunican, toman decisiones y resuelven desacuerdos en torno a la crianza.
En este proceso, de manera consciente o no, los padres construyen un estilo compartido que influye directamente en la estabilidad emocional de los hijos. Cuando existe coordinación, coherencia y objetivos comunes, la crianza fluye con mayor claridad. Cuando predomina el conflicto, la confusión y la tensión suelen instalarse en el día a día familiar.
¿Cómo afectan los conflictos entre padres a los hijos?
Es frecuente observar padres que tienen una buena relación individual con sus hijos, pero presentan altos niveles de conflicto entre ellos al momento de tomar decisiones. Las dificultades para comunicarse, llegar a acuerdos o sostener criterios comunes generan un clima emocional inestable.
Los hijos que crecen en contextos de disputa constante suelen experimentar tristeza, inseguridad, desmotivación o sensación de estar atrapados entre ambos. A largo plazo, este malestar puede reflejarse en problemas escolares, baja autoestima, dificultades para regular emociones o comportamientos desafiantes.
Más allá de las conductas visibles, el mayor impacto suele ser emocional. Los niños perciben el conflicto, incluso cuando no se habla explícitamente de él, y muchas veces cargan con un sufrimiento silencioso.
¿Qué invita a revisar una coparentalidad en dificultad?
Cuando la coparentalidad se vuelve conflictiva, es clave detenerse a observar la dinámica entre ambos padres, más allá de quién “tiene la razón”. Algunas preguntas que pueden ayudar en este proceso son:
- ¿Funcionamos como un equipo en la crianza?
- ¿Existe comunicación clara y respetuosa?
- ¿Compartimos metas y criterios para nuestros hijos?
- ¿Nuestros desacuerdos se resuelven o se acumulan?
Mientras mayor coherencia y complementariedad exista entre los estilos de crianza, mayor seguridad emocional tendrán los hijos. Cuando los conflictos persisten, suelen convertirse en el origen de otras dificultades dentro del sistema familiar.
Acciones que pueden favorecer una crianza más protectora
Algunas acciones que suelen acompañar procesos de mejora en la coparentalidad son:
- Tomar conciencia de la propia participación en la dinámica relacional.
- Revisar la forma en que se comunican los desacuerdos.
- Diferenciar los conflictos de pareja de las decisiones de crianza.
- Buscar acuerdos mínimos y sostenibles en el tiempo.
- Priorizar el bienestar emocional de los hijos por sobre las diferencias personales.
Estos pasos no buscan eliminar las diferencias, sino aprender a gestionarlas de manera más cuidadosa.
Un ejemplo para comprenderlo mejor
Desde la experiencia profesional, se observan familias donde, a pesar del amor por los hijos, el conflicto entre los padres termina expresándose en conductas de los niños. Al trabajar la coordinación, la empatía y la autocrítica entre ambos adultos, suele disminuir la tensión general del sistema familiar y los hijos comienzan a mostrar mayor estabilidad emocional y conductual.
Cuando los padres logran verse como aliados en la crianza, incluso después de una separación, el impacto positivo se refleja en todo el entorno familiar.
¿Qué suele funcionar mejor en estos procesos?
- Abordar las dificultades de coparentalidad de forma temprana.
- Entender estos espacios como prevención, no solo como intervención.
- Reconocer que pedir acompañamiento es una forma de cuidado.
- Mantener el foco en el bienestar integral de los hijos.
- Trabajar la comunicación y la coordinación de manera progresiva.
Reflexión final
La coparentalidad no exige perfección, pero sí consciencia y compromiso. Cuando los padres logran revisar su relación como equipo de crianza, no solo alivian su propia carga emocional, sino que protegen profundamente a sus hijos.
Cuidar la forma en que se toman decisiones, se resuelven conflictos y se comunican los desacuerdos es una de las mayores formas de cuidado que pueden ofrecer. Acompañar este proceso permite transformar la tensión en aprendizaje y construir un entorno más seguro y amoroso para toda la familia.
Fuentes bibliográficas
Tejedor Huerta, A., Ramírez Acuña, D., & Hersovici, P.