¿Puede estar sufriendo de ansiedad y depresión al mismo tiempo?

Si bien la ansiedad y la depresión son diferentes, es bastante común que puedan manifestarse las dos al mismo tiempo. En esos casos ambas están asociadas entre sí como dos extremos de una misma cuerda.

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¿Cómo distingo que es la ansiedad y que es la depresión?

Hoy en día ambos conceptos son utilizados cotidianamente para describir estados de ánimos normales. Sin embargo, resulta fundamental poder diferenciarlos de aquellos casos que son patológicos.

La ansiedad es un estado emocional que surge como consecuencia de una situación que el sujeto vive como amenazante. Este estado puede advertirse a través de sus síntomas (agitación, aumento de la frecuencia cardíaca, sudoración, mareos, etc.).

Es normal que esto ocurra en situaciones donde la amenaza es visible. Tal es el caso de la ansiedad que surge como consecuencia de experimentar una situación traumática como un robo, un accidente, cualquier sobresalto, entre otras. Sin embargo, muy a menudo ocurre que el paciente no puede entender el por qué de su estado ya que no encuentra ninguna causa que explique su sintomatología. En estos casos estamos ante lo que comúnmente suelen denominarse “trastornos de ansiedad”.

Con respecto a la depresión ocurre algo similar que con la ansiedad. Es normal estar triste cuando a alguien le pasa algo malo. Estar angustiado por un tiempo prolongado ante una situación grave como la pérdida de un trabajo o de un ser querido,  se encuentra dentro de lo esperable.

La depresión se distingue de la tristeza ya que en la primera se agrega la desvalorización sobre la propia persona y el abandono de todas aquellas actividades que en algún momento funcionaban como motivadoras de su vida cotidiana.

La ansiedad y la depresión son dos extremos del mismo cordel ya que es muy común evidenciar cómo, por consecuencia de la ansiedad, es posible caer en estados depresivos. La persona cae en pozos de angustia debido a la impotencia que le generan ciertas crisis de ansiedad. El sujeto, a su vez, genera estados ansiosos con el objetivo de eliminar la angustia.  Ansiedad y depresión generan una especie de bucle repetitivo donde una es causa de la otra.

Poder sanar y recuperar el control sobre tu vida sí es posible. La ayuda profesional, personalizada y humanizada te ayudará a romper el círculo vicioso que significa estar sumido en ansiedad y depresión, no tienes que hacerlo solo.

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¿Qué es lo que mas ayuda a manejar los síntomas de ansiedad y depresión?

Tanto para una situación como para la otra, es fundamental contar con el apoyo de tres pilares, que, si bien no son los únicos, son muy importantes: familia, amigos y terapia.

Lo que voy a detallar a continuación no es un remedio infalible. Tanto la ansiedad como la depresión son estados patológicos y no meros resfriados que pueden solucionarse a través de simples pasos.

El tratamiento puede y debe ajustarse al cuadro que cada paciente padezca. Dada la singularidad subjetiva no hay dos cuadros iguales y por lo tanto no hay dos tratamientos iguales. Esto no nos impide plantear una serie de consideraciones generales que podrían ayudar a transitar ambos estados:

 

  1. No quedarse solo, buscar el apoyo de la familia o amigos:
    Muchos estados de ansiedad disminuyen momentáneamente sus síntomas cuando el sujeto se siente acompañado por un familiar. Esto no soluciona el problema, pero ayuda a la estabilización en momentos de crisis.
    En la depresión saber que se cuenta con un ser querido en quien pueda sostenerse ayuda a paliar la desvalorización que recae sobre la propia persona.
     

  2. Iniciar una terapia:
    Tanto en la ansiedad como en la depresión es fundamental poder descubrir aquello que ha causado el padecimiento y para eso la terapia es una gran herramienta.
    Encontrar la causa permite advertir que aquello que le ocurre al paciente no es porque sí ni azaroso. Esto genera las condiciones propicias para modificar aquello que originó los síntomas.
     

  3. Realizar actividades que generen placer:
    Es muy importante poder encausarse en actividades que le permitan evitar estar pensando una y otra vez sobre lo mismo.
    Esto no siempre es posible hacerlo ya que, en la mayoría de los casos de depresión, la perdida de interés suele recaer sobre todo tipo de actividades dando muy poco lugar a las placenteras.
    Suele ser mas eficiente en los estados de ansiedad porque le permite mantener su tiempo ocupado y organizado, disminuyendo la sintomatología. Pero hay muchas situaciones donde estos esfuerzos se ven ofuscados e incluso pueden generar mas ansiedad ante la imposibilidad de su concreción llevando a estados de mucha angustia.
     

  4. Terapia psiquiátrica:
    Algunos cuadros requieren la interconsulta con psiquiatría para poder evaluar si es necesario recibir alguna medicación que le permitía lidiar con sus síntomas y así mejorar su día a día.
    Es muy importante no automedicarse dada la peligrosidad que este acto conlleva, además de respetar las dosis, así como también el inicio y el final de tratamiento según las indicaciones del psiquiatra.
    Es fundamental entender que el tratamiento medicamentoso no es suficiente por sí sólo para solucionar ambas problemáticas. Éste debe estar acompañado de una terapia psicológica.
     

Terapias alternativas:
Yoga, meditación, masajes, tai chi, reiki, entre otros son algunos de los tratamientos que se consideran no tradicionales pero que sin embargo pueden ser muy efectivos como complemento de los ya nombrados.

 

¿Cómo la terapia me puede ayudar a manejar mi ansiedad y depresión?

Antes mencionaba que tanto con la ansiedad, así como con la depresión, es fundamental encontrar las causas del padecimiento.

Desde la perspectiva con la que trabajo los síntomas no deben ser eliminados sino comprendidos.

Imaginemos que estamos en un lugar que cuenta con detectores de humo en el techo y de repente comienza a sonar su alarma. En ese momento me subo a una escalera y con un palo me dispongo a romperlos hasta que la alarma deje de sonar. Cuando me preguntan por qué lo hago, argumento que nos estaba molestado su sonido y que de esa forma eliminaremos el problema. Ninguna de las personas que se encuentren allí se quedarían tranquilos.

No importa que yo les diga una y mil veces que el problema está solucionado, todos entenderían que lo único que hice fue eliminar aquello que nos estaba advirtiendo acerca del verdadero problema y que de no ser resuelto no tardaríamos en ver sus efectos sobre nuestra salud.

Si bien es bastante evidente que el razonamiento que transmito es correcto, la tendencia general del paciente es intentar eliminar los síntomas que son, nada más y nada menos, que las señales de alarma del verdadero problema que radica en las profundidades del sujeto.

Es entendible que los síntomas generen malestar e incomodidad en nuestra vida cotidiana, pero también nos están mostrando que hay algo que nos está sucediendo y que debemos afrontarlo. Cuando vamos al médico este, a partir de los síntomas, descubre qué es aquello que nos genera tanto malestar. Con la terapia es lo mismo.

En el lugar de la causa encontramos, al menos, tres elementos en juego. Estos son el contexto social, el familiar y el personal. La combinación de estos tres elementos da cuenta de la posición que el sujeto ocupa en la vida, el lugar que se da a sí mismo y a los otros, así como también al modo en que se enfrenta a las situaciones problemáticas que lo aquejan.

Llamamos “posicionamiento subjetivo” al modo en que cada persona utiliza para enfrentar su día a día. Es decir, su propia imagen, la del otro y la del mundo.

Una persona que piense de sí mismo que no puede nada, que no debe confiar en nadie y que el mundo está en su contra, no encara la vida de la misma manera que aquella persona que apuesta a sí misma da lugar a diferentes posibilidades y nuevos vínculos con otros.

Si bien las situaciones que suceden a nuestro alrededor nos afectan, la manera en que nos paremos frente al mundo puede ayudar a padecerlas menos. Intervenir sobre el posicionamiento subjetivo permite evitar la repetición de conductas insalubres que lo llevan al padecimiento.

La ansiedad y la depresión son conflictos emocionales muy profundos y si no son tratados de manera adecuada pueden convertirse en monstruos espantosos que terminarán dominando tu vida. Para aprender a trabajar a la ansiedad y la depresión, es crucial contar con apoyo profesional, y así lograr el cambio definitivo.

Nuestras emociones deben fluir en armonia, no dominarnos. Sanar, crecer y seguir adelante es posible, con la ayuda adecuada.

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